La historia de mis caderas

Las caderas siempre me han llamado la atención. Todavía recuerdo cuando salíamos a bailar en los primeros años de la adolescencia, cómo me sentía ¨inconscientemente restringida¨, no debía mover mis caderas demasiado porque si no podríamos llamar la atención de los chicos de atrás en el bar. Algo parecido ocurría con mis brazos: me daba vergüenza alzar mis manos por ejemplo en un concierto. Pero esta historia es más para otra entrada del blog, tal vez relacionada a cómo aprender a poseer tu cuerpo o algún otro título cool de esos.

Caderas.

Cuando comencé a bailar por primera vez hace 16 años, toda mi atención iba a tratar de conectar con esos músculos desconocidos hasta entonces, de las profundidades de mi cavidad pélvica que me permitieran moverme cómo la profesora se movía. Con esos músculos, mucha concentración y mucha paciencia aprendí muy poco a poco (realmente era un palo), a mover en círculos, infinitos, a sacudir fuertemente en distintos ángulos y direcciones. Sin embargo, esto lo experimentaba sólo en mi habitación cerrada, el único lugar de la tierra en aquel momento dónde sentía una mínima y chiquitina sensación de libertad.

En Siria aprendí cómo menos es más. Cómo no necesitaba movimientos muy impresionantes o acrobáticos, y simplemente la intensidad del sentimiento que yo sentía cuando me movía, podía ampliar exponencialmente el diámetro de impacto expresivo de los movimientos.

Pasan los años y finalmente viviendo en Barcelona, hacia los 21 años de edad, me permití yo misma, YO, bailar más libremente. Podía mover las caderas, las costillas, todas y cada una de mis vertebras desde el cóxis hasta las cervicales. Ecstatic Dance, la improvisación y la necesidad de sentir ese pequeño espacio de libertad me empujaron a soltarme.

Y así fue cómo me solté.

Sexualidad, traumas pasados sin resolver, vergüenza, juicio, falta de vitalidad, falta de energía, contención emocional, rigidez…

Tantos aspectos que pueden estar relacionados a esta parte del cuerpo. En otras culturas tiene gran importancia, el primer y segundo chakra en la tradición hindú, tántrica y yogui; el hara o Dan Tian en las artes marciales japonesas… Todo ello está localizado aquí.

Fuerte shock cuando llego al norte de Europa, a Amsterdam. Las mujeres y hombres en las fiestas (generalmente) no realizan absolutamente ningún movimiento desde sus costillas hasta sus rodillas! Básicamente mueven el pecho y los brazos con movimientos repetitivos. Bueno, no estoy diciendo que en el País Vasco (de donde vengo) la situación sea mucho mejor, pero aún así. Me sorprendió mucho desde una perspectiva de análisis de movimiento y me sigue fascinando hoy en día todas las diferencias culturales respecto al cuerpo y la danza.

La última vez que me he sorprendido en un ¨asunto de caderas¨ fue el año pasado en una de las reuniones informales después del trabajo. Uno de los terapeutas más inteligentes y agudos de nuestra compañía, hombre, cogió un pañuelo, se lo puso en las caderas y nos deleitó a los presentes con una de las mejores combinación de movimientos rítmicos que había visto en años.

Bueno.

Hacia donde me dirigo no es precisamente tan divertido o colorido.

Una persona muy importante en mi vida, la más importante, ha sido diagnosticada con cáncer de huesos. Dolor. Dolor inaguantable. Cáncer en las vértebras, en el sacro, lumbar y más tarde en las dorsales.

Dolor en todo el cuerpo. 24 horas al día. Analgésicos fuertes, morfina, fentanilo, pastillas antiinflamatorias. Aún así dolor. Dolor que se irradia por brazos y piernas, y una gran sensación de estar bloqueado. En cualquier postura. Acostado, sentado, de pie. Dolor.

Desesperación. Agobio. Enfado. Miedo. Desesperación.

Dolor de ver a alguien que amas tanto, sufrir tanto.

Fue entonces cuando mi agradecimiento por poder moverme creció exageradamente. De naturaleza ya soy una persona agradecida en general. Muy a menudo me siento agradecida por poder ver, caminar, comer, respirar y por las cosas más simples que generalmente damos por obvio.

Pero en ese momento de mi vida, hace un par de meses, la gratitud y fascinación por poder moverme, por poder mover todas las mañanas mis caderas, mi sacro, mi lumbar, estirar mi pecho, simplemente estar de pie sin sentir ningún dolor, se volvió tan significativa, tan fuerte, que necesitaba poder compartirlo con más personas. Esa es la verdadera razón por la que comencé los talleres de desbloqueo de las caderas. Para honrar secretamente a esa persona de mi vida.

Y aquí es dónde voy a pedirte algo.

Por favor, la próxima vez que te despiertes por la mañana, mueve ligeramente la pelvis, como si tuvieras una colita muy elegante, y siente los movimientos sutiles, las sensaciones, todas las posibilidades que tienes, cómo te hace sentir. Siente todo eso sin dolor. Siente cada vértebra y articulación sana y completa.

Siente cómo se sienten tus caderas.

Y agradece.

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